NUESTROS VALORES
La misión que Marilena Ferrari-FMR se ha fijado, junto a todos sus artistas, sus maestros artesanos, sus empleados y colaboradores es la de contribuir al nacimiento de una nueva estación de belleza, capaz de nutrir de valores la sociedad contemporánea.

Creemos, como afirmaba Dostoievski, que “la belleza salvará el mundo”.


Creemos en una belleza donde ética y estética, virtud y excelencia, recuperan su unidad originaria.


Creemos en un arte de valores, en un arte consciente y responsable, en el que el elemento ético, centrado en la necesidad del sentido, es condición esencial e ineludible.

Creemos en un arte que, tanto hoy como en los pasados siglos, es el lugar donde los valores y las identidades de una sociedad y de una cultura encuentran su morada, el lugar donde formarse y preguntarse, para influir en las vidas y en los intelectos, determinando en ellos un cambio y una evolución.

Creemos en el saber del arte y no en el saber de arte.


Creemos en la unidad y en una misma dignidad entre las artes mayores y las artes aplicadas, en la unidad entre artista y artífice, aunados en una idéntica aspiración a la calidad y la excelencia, como elección ética, para un proyecto humano de belleza compartido y común.


Creemos en la unidad entre pensamiento y acción, entre saber y hacer, entre sabiduría intelectual e inteligencia manual, entre la individualidad del genio creativo y el valor comunitario del emprender.

Creemos que la comitencia y el valor económico no están al servicio del arte, sino que son parte integrante del proceso artístico.

Creemos en el futuro, porque allí donde están presentes cultura, proyecto, actividad y valores no puede haber resignación, ni mucho menos crisis.

Creemos que una saludable cultura de empresa debe ser consciente de que el beneficio económico sin valor es como la casa evangélica que el hombre insensato construyó sobre la arena: “Cayó lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina” (Mateo 7, 26-27).

Somos conscientes de que puede parecer una utopía, pero no por ello queremos renunciar a ejercer el profundo deber de defender nuestro derecho a no resignarnos.